Aunque
muchos lo conocen por referencias en la cultura pop, Mother (también
llamada EarthBound en Occidente) sigue siendo una de las sagas de JRPG
más infravaloradas. Esta semana, su entrega más querida, Mother 3,
celebra 20 años desde su lanzamiento original el 20 de abril de 2006
en Japón.
A
diferencia de las dos entregas anteriores, aquí la historia arranca con un
golpe durísimo: la muerte de Hinawa, la madre de Lucas, y la
desaparición de Claus, su hermano gemelo. Desde ese punto, el juego
construye un viaje que mezcla lo infantil con temas sorprendentemente adultos: duelo,
consumismo, corrupción del “progreso” y pérdida de la
inocencia.
Lo
curioso es que, pese a su estatus de culto, la celebración oficial del
aniversario se percibe… discreta. La conmemoración se apoya en una página web
con el logotipo del 20 aniversario y un texto conmemorativo. También incluye un
breve mensaje del director, Shigesato Itoi, quien describe a Mother 3
como “extraño, interesante y conmovedor”, y afirma que incluso en 2026 se
siente como un juego de vanguardia.
Más
allá de eso, hay poco material nuevo: se recupera una entrevista antigua (de
2006) y el resto del “aniversario” se va por un camino más comercial, con mercancía
(peluches, bolsas y pósters) e incluso colaboraciones con marcas. Para muchos
fans, el contraste es inevitable: un juego con un mensaje tan crítico del
consumismo termina celebrándose, en gran medida, con productos.
Y
hay un motivo extra por el que este aniversario se siente agridulce: Mother
3 nunca tuvo lanzamiento oficial fuera de Japón. Su llegada a más jugadores
fue, sobre todo, gracias a la comunidad, que creó traducciones no oficiales
para poder jugarlo en otros idiomas. Ese esfuerzo explica por qué, veinte años
después, el título sigue vivo y recomendado de boca en boca.
Con
o sin una gran fiesta oficial, Mother 3 cerró su trilogía con una
identidad única y dejó huella en juegos posteriores que también combinan
ternura con oscuridad, como Undertale u Omori. Si nunca lo has
jugado, este 20 aniversario es una buena excusa para descubrir por qué tantos
lo consideran un clásico moderno.
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